Las papas de Gastón o las cebollas de La Parada

Hace un par de semanas todos fuimos testigos del triste episodio del desalojo en el mercado mayorista de La Parada y de cómo nuestra marca Perú se fue por los suelos.

Así es la realidad, la marca es el reflejo de lo que hacemos las personas, y como país, hemos perdido el principio de autoridad y respeto a nuestros semejantes, al mandar a esos pobres policías a ser carne de cañón de esos miserables. Cual juego de video ‘Call of Duty’, veíamos que a medida que pasaban las horas se nos terminaba la energía al intentar resguardar un lugar tomado por delincuentes, que para colmo, izaban la bandera del Perú, como si fuera la batalla de todos los peruanos. El resultado lamentable, además de muertos y heridos: una marca pisoteada por unos cuantos revoltosos que lamentablemente son parte de nuestra querida marca.

Si partimos de que cada experiencia de consumo de una marca es única como la persona que la ofrece o la que la toma, entonces habrá gente en el mundo que después de este episodio no pensará en el Perú como una opción de destino. Esto, gracias a los desadaptados que con sus acciones repercutieron de manera negativa en ella.

La pregunta es: ¿Qué tenemos que hacer para recuperar a nuestro consumidor cuando dijo: “No vuelvo a consumir esta marca”? Tenemos que reflexionar y entender que hoy en día las marcas son las personas, y la preferencia entre una y otra se debe a las buenas experiencias con estas. Nos matamos tratando de hacer que el mundo nos vea de manera positiva, que se lleven una buena imagen nuestra, sin embargo no nos damos cuenta que estas acciones nos daña.

La semana pasada asistí a una seminario de Branding emocional y salí con una gran conclusión: Una marca que no transmite sentimiento positivo, no construye un futuro. Y es que una marca tiene el gran desafío de emocionar, dejarnos un sentimiento como nos dejó el primer comercial de la marca Perú, ese que hacía que de pura emoción se nos pararan los pelos del cuerpo cada vez que veíamos al personaje colocándole la tilde a “Perú” con un rodillo de pintor.

Por ahora, nos queda afrontar la realidad y ver de que manera aprendemos de este gran error para que nuestra marca se haga aún más sólida y tan fuerte como la que construyeron Gastón, la Sofi, Kina, los hermanos Cori, por mencionar algunos. Optemos por construir nuestra marca con valores, comportamiento, con el corazón, mirando al futuro. Optemos por las papas de Gastón no por las cebollas de la parada.

 

Orlando Lazo

Director DUOTONE BOUTIQUE CREATIVA

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